William Bernal / Coordinador de la Unidad de Límites Municipales del IGCN

La geografía ha tenido a su cargo, durante mucho tiempo, la explicación del medio natural y político. En su enseñanza cobra gran importancia la recepción de los conocimientos científicos, práctica escolar llamada “tradicional” que aún persiste, basada en la memorización de los conocimientos transmitidos por el profesor; quien tiene como referente único los contenidos de esta u otras disciplinas, como si se tratase de un resumen del conocimiento académico.

Este modelo ha potenciado una enseñanza dogmática del conocimiento social, que incluye saberes acabados y cerrados que el profesor dicta mediante la sesión magistral. Los recursos didácticos que se suelen utilizar son la intervención del profesor o profesora, los apuntes y el libro de texto.

Sin embargo, a partir de la década de los años ochenta sucedieron cambios importantes para su enseñanza. A la luz de las teorías del aprendizaje, las nuevas investigaciones combinaban la naturaleza conceptual y metodológica de las ciencias sociales con el proceso de aprendizaje constructivo. En el campo educativo, los materiales cartográficos no solamente son utilizados para localizar lugares que nos interesan sino que, a través del conocimiento del área, podemos entender el por qué de la presencia de determinados fenómenos naturales, tales como sismos, huracanes, erupciones volcánicas, inundaciones, etc. Ahora, cuando se utiliza un mapa, una carta topográfica, o un plano dentro de la actividad docente, lo más importante para el educador es traducir la información visible e invisible que los documentos proporcionan.

Son elementos de motivación dentro del aula, por cuanto le permiten localizar en forma precisa un lugar de la superficie terrestre, identificar las características físicas y humanas de un área específica —a través de la lectura e interpretación de los símbolos cartográficos utilizados en el mapa—. Además se puede mostrar la formulación de propuestas de solución a los problemas del área en estudio. En cambio para el educando, los documentos cartográficos facilitan su aprendizaje, interpreta geográficamente el desarrollo de su país, despiertan curiosidad y una fácil comprensión de lo que está sucediendo en el mundo que habita, llamado planeta Tierra. El mapa atesora una versatilidad susceptible de ser aplicada en más de alguna disciplina del campo social, tal como es el caso de las humanidades. Los documentos cartográficos han estado presentes a lo largo de la historia, han sido un compañero inseparable de la cultura humana. Heródoto famoso filósofo griego, considerado además como el padre de la historia, habla de ello en su obra “Los Nueve Libros de la Historia”. Por la misma condición de ciencia integradora que tiene la geografía, entre la dimensión biofísica y humana, un docente que pueda dominar la geografía está llamado a interactuar y desarrollar trabajos interdisciplinares y tener la capacidad de trascender fácilmente a la propia disciplina.

Un mapa dentro del aula es una herramienta valiosísima para el educando, cual si dominara un idioma más. Basta ver extranjeros en nuestro país que únicamente necesitan obtener un mapa, prescindiendo de cualquier ayuda, en especial la de un guía, para recorrer todo el país. Claro, estas personas provienen de países donde la Geografía y Cartografía se imparten desde parvularia, donde desarrollan la “cultura del uso del mapa”. Finalmente, deseamos concluir que la geografía investiga un fenómeno biofísico o social, con todas sus causas y consecuencias; su trabajo final lo transmite a través de símbolos cartográficos, a escala y a colores, en documentos llamados mapas. Por lo tanto, el mapa es el lenguaje gráfico por el cual se comunica la geografía. En el siguiente cuadro, de izquierda a derecha, se presenta un breve desarrollo histórico de los mapas:

desarrollo_historico_de_mapas